Dormir bien es mucho más que descansar después de un día intenso. El sueño desempeña un papel fundamental en el bienestar físico y mental, y mantener unos hábitos adecuados puede ayudarnos a afrontar el día con más energía, mejorar la concentración y favorecer un estilo de vida saludable.
Sin embargo, conseguir un descanso de calidad no siempre resulta sencillo. Los horarios irregulares, el uso de dispositivos electrónicos hasta última hora, el estrés cotidiano o determinadas costumbres pueden dificultar conciliar el sueño.
La buena noticia es que existen pequeños cambios que podemos incorporar a nuestra rutina diaria para intentar mejorar la calidad del sueño. Desde mantener horarios regulares hasta preparar adecuadamente el dormitorio, repasamos algunas de las claves para dormir mejor.
¿Por qué es tan importante dormir bien?
Mientras dormimos, nuestro organismo continúa realizando numerosas funciones esenciales. El descanso permite recuperar energía y está relacionado con procesos como la memoria, el aprendizaje, el estado de ánimo y el funcionamiento general del organismo.
Por este motivo, dormir las horas necesarias no debería considerarse simplemente un lujo o una forma de recuperar fuerzas durante el fin de semana. El sueño forma parte de los hábitos básicos de salud, junto con una alimentación equilibrada y la actividad física.
Además, no solo importa el número de horas. La calidad y la regularidad del descanso también tienen un papel importante. Pasar muchas horas en la cama no significa necesariamente haber disfrutado de un sueño reparador.
¿Cuántas horas deberíamos dormir?
Las necesidades de sueño varían según la edad y también pueden existir diferencias entre unas personas y otras. En los adultos, de forma general, se suele recomendar dormir alrededor de siete o más horas por noche de manera habitual.
Más allá de fijarse únicamente en una cifra, conviene prestar atención a cómo nos encontramos durante el día. Tener dificultades frecuentes para mantenerse despierto, sufrir somnolencia excesiva o despertarse continuamente durante la noche pueden ser señales de que el descanso no está siendo suficiente o adecuado.
Cuando estos problemas se mantienen en el tiempo o afectan significativamente a la vida cotidiana, es recomendable consultar con un profesional sanitario.
7 hábitos que pueden ayudarte a mejorar la calidad del sueño
Algunos cambios sencillos en nuestra rutina pueden favorecer un entorno más adecuado para descansar.
1. Mantener unos horarios regulares
Intentar acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora cada día ayuda a mantener una rutina estable.
Aunque durante el fin de semana puede resultar tentador cambiar completamente los horarios, las grandes diferencias entre unos días y otros pueden dificultar mantener una rutina de sueño regular.
La constancia es especialmente importante. No se trata de conseguir una rutina perfecta desde el primer día, sino de establecer progresivamente unos horarios que podamos mantener.
2. Reducir las pantallas antes de dormir
El teléfono móvil se ha convertido en uno de los últimos objetos que muchas personas miran antes de cerrar los ojos.
Redes sociales, vídeos, mensajes o correos electrónicos pueden mantenernos activos cuando deberíamos estar preparándonos para descansar. Además, la exposición nocturna a la luz puede interferir con las señales naturales que ayudan al organismo a prepararse para dormir.
Una buena práctica consiste en establecer un periodo previo al sueño sin teléfono, tableta u ordenador y sustituirlos por actividades más tranquilas.
3. Crear una rutina antes de acostarse
Nuestro cerebro puede asociar determinadas actividades con el momento de descansar.
Leer unas páginas de un libro, escuchar música tranquila, preparar la ropa del día siguiente o realizar alguna actividad relajante pueden formar parte de una rutina nocturna.
Lo importante es encontrar hábitos sencillos que podamos repetir diariamente y que nos permitan reducir progresivamente el ritmo antes de acostarnos.
4. Cuidar el ambiente del dormitorio
El entorno también influye en la calidad del descanso. Una habitación cómoda, silenciosa y suficientemente oscura suele favorecer el sueño.
La temperatura es otro aspecto que conviene tener en cuenta. Un dormitorio excesivamente caluroso puede resultar incómodo y dificultar el descanso.
También puede ser útil reservar la cama principalmente para dormir, evitando convertirla habitualmente en un espacio para trabajar, estudiar o pasar largos periodos utilizando el teléfono móvil.
5. Vigilar el consumo de cafeína
El café puede formar parte perfectamente de la rutina de muchas personas, pero conviene tener presente que la cafeína tiene un efecto estimulante.
Además del café, puede encontrarse en bebidas energéticas, algunos refrescos, té y otros productos.
Las personas que tienen dificultades para dormir pueden probar a evitar o reducir el consumo de cafeína durante las últimas horas del día y observar si esto mejora su descanso.
6. Mantenerse activo durante el día
La actividad física regular está relacionada con numerosos beneficios para la salud y también puede contribuir a mantener unos hábitos de sueño saludables.
No es necesario realizar entrenamientos intensos todos los días. Caminar, practicar algún deporte o incorporar movimiento a nuestra rutina ya supone una diferencia frente a mantener un estilo de vida completamente sedentario.
Eso sí, algunas personas pueden sentirse demasiado activadas si realizan ejercicio intenso justo antes de acostarse. En estos casos, puede ser preferible adelantar el entrenamiento.
7. Evitar obsesionarse con dormir
Mirar constantemente el reloj pensando en las pocas horas que quedan hasta que suene el despertador puede generar todavía más tensión.
Si no conseguimos dormir inmediatamente, intentar forzar el sueño no siempre ayuda. Crear una rutina relajada y evitar estar continuamente pendientes de la hora puede facilitar que el momento de acostarse resulte menos estresante.
La importancia de desconectar antes de ir a la cama
Uno de los grandes retos actuales es separar el final de la jornada del momento de dormir.
El trabajo, las notificaciones y las redes sociales permiten mantenernos conectados prácticamente las 24 horas. Por eso, crear una pequeña transición entre las obligaciones diarias y el descanso puede ser especialmente útil.
Podemos entender ese periodo como una preparación para dormir. Reducir estímulos, bajar el ritmo y realizar actividades tranquilas permite establecer una diferencia clara entre el día y la noche.
No hace falta aplicar cambios radicales. Dejar el móvil fuera de la cama, adelantar unos minutos la hora de acostarse o leer antes de dormir pueden ser buenos puntos de partida.